Vuelos baratos Cronicas de Recien Casada: Capitulo 4: El Robo

jueves 31 de julio de 2008

Capitulo 4: El Robo

-¡Nos Han Robado!- entre gritando a la recepción del lugar donde trabajo - ¡Mis lentes nuevos!¡Y son Gucci! ¡Desaparecieron de mi escritorio, no puede ser! ¿a donde llegaremos con este país como esta?- seguía diciendo yo una y otra vez, y no era para menos ¡Eran Gucci!.
Cuando me calme un poco, vi que Lolis, la recepcionista, lloraba desconsoladamente, mientras otra de mis compañeras la consolaba. Hice a un lado el dolor de mi perdida y le pregunté lo que tenia a lo que respondió: "aguia glua la guntenga".
Obviamente no entendí nada de lo que dijo, por lo que le pregunté a la otra mujer (de quien nunca me he aprendido su nombre) y ella me comentó que habían robado a Lolis, toda su quincena, se la sacaron de la bolsa mientras fue al baño.
Mi indignación creció al doble al saber esto y estaba segura que esto no podía quedar así, teníamos que llamar a la policía, esto no podía quedar impune.
Lolis en ese momento me dijo, entre sollosos:
- Pues como tu quieras, mi quincena pues no era mucho, como $1,000.00 pesos pues ya había pagado la tanda, pero tus lentes si han de costar mucho.
- Buenos, sí, pero no se trata de lo material, sino de justicia - dije yo para evitar confesar que los lentes en realidad costaron $150 pesos en el tianguis y que no eran Gucci sino Gacci; pero aún así era una gran perdida, en realidad costaban $250 pesos y eran una muy buena copia.
Entre tanto alboroto llegó el gerente y dijo:
- ¿Qué esta pasando aquí, que están todas comadreando sin trabajar?- y mientas hablaba sus pocos cabellos que usa para tapar su calvicie se le movían.
- Hubo un robo en la oficina - contestó una de las que llegó al chisme - a Lolis le robaron su semana y a Isabel sus lentes, de esos que son re-carisimos.
Re-ca-ri-si-mos, ah! que pinche naca, y eso que según ella tiene licenciatura. Pero regresemos al tema: el jefe de inmediato llamó a todos a la recepción y al tenernos todos juntos comenzó a decir:
- Hoy fuimos víctimas de la delincuencia. Hoy algo terrible ha pasado en la oficina: Robaron. Me duele que uno de nosotros pueda despojar a un compañero de toda su paga y a otro de un artículo de lujo... - mientras hablaba yo me fui a mi escritorio, el tono de voz de ese hombre me marea.
Como me dío un poco de hambre el asunto del robo, abrí uno de los cajones del escritorio donde tengo galletas y pan dulce con chispas de chocolate. Perdón, pero me habían robado, me merecía ese festín de calorías. En el momento en que levanto una concha ¿qué es lo que veo debajo de ella?: ¡Mis Lentes!. Ay no saben el gusto que me dio verlos.
Sé que tenía que avisar que no habían sido robados, sino mas bien perdidos entre tanta cosa de mi cajón, pero eso me hubiera hecho perder credibilidad ante los demás, así que hice lo que cualquier otra persona racional hubiera hecho en mi lugar: me quedé callada y los escondí en el fondo de mi bolsa.
Cuando llegue a la recepción seguían todos reunidos, pero ya había terminado el discurso del jefe (Chin, me lo perdí!) y me comentaron que buscarían en todas las bolsas y mochilas del personal hasta dar con el culpable.
¿En todas las bolsas?, no podía permitir que encontraran los lentes y quedar como una mentirosa, así que fui con el gerente y le pedí que no lo hiciera, alegando no se que de los derechos humanos o algo así, no me acuerdo bien, pero en ese momento me quedo tan bonito el "espich" que hasta recibí una ovación de pie... lo malo es que ahora me ven como una luchadora social y recurren a mi para cada cosa tan estúpida.
Terminando mi consagración se levanto Toño, el oficeboy y confesó que el había robado el dinero, pues tiene a su mamá enferma de cama y necesita medicinas, mas no se llevó ningunos lentes, que esos ni los había visto... el silencio se hizo presente en el lugar. Todos voltearon a verme esperando que dijera algo. Suspire y dije:
-Dejemos lo material en lo material. Sólo son unos lentes y espero que ahora estén con alguien que los valore tanto o mas que yo. Olvidemos todo y continuemos nuestro camino.
Qué les puedo decir, ahora son poco menos que Gandhi en ese lugar. Lo malo es que ya no puedo lucir mis lentes.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

cai por casualidad en tu blog, que dicho sea de paso me parecio genial, no se si inventas las historias o son reales, (claro que eso no importa), pero todo esta muy divertido.....oye y porque no nos cuentas de la noche de bodas??? soy muy curiosa, saluditos, y espero seguir leyendote.

argutia dijo...

T e
f e l i c i t o

Me necantó el flijo narrativo; tienes un talento especial; preparas bien las sorpresas; contigo aprendo a escribir

Espero leerte pronto
saludos

argutia

argutia dijo...

Olvidé decir que amo a Ibargüengoitia y me propicias un grato recuerdo de sus textos

cuídate
bay